Ollavismo: La hegemonía de la incultura
Cacildo Marques - Sao Paulo
Los profesores de las
Américas han sufrido gran desprecio por parte de gobiernos y clases medias
desde hace muchas décadas. Llegó ahora el turno de los artistas e los
reporteros unirse a ellos, como víctimas de ataques. Es el resultado del
ollavismo.
Ollavus Querci "no
tuvo estudio", como dicen las personas que no recibieron instrucción. Esto
no fue obstáculo para que se hiciera pasar por "filósofo",
dedicándose a impartir cursos de Filosofía para incautos, teniendo como
objetivo central la negación de la ciencia. Esta autoridad para dar cursos él
recibió no de alguna facultad, sino del renombre recabado con la venta de
libros que él escribió.
Él no añadió nada útil en
sus escritos.
Se intenta hacer pasar por
escéptico, siendo sólo refractario. La actitud escéptica es el comportamiento
del científico. Los que dudan de los resultados de la ciencia sin presentar
ningún método confiable de refutación son sólo refractarios, nunca escépticos.
¿Es necesario leer sus
libros para saber que no hay sustancia allí? No, basta con leer uno u otro
párrafo clave. Necesitamos leer varios libros de Platón para descubrir alguna
asertiva inconsistente. Lo mismo se puede decir de Descartes, Russell o
Wittgenstein. De un pseudofilósofo, en la primera media página ya
identificaremos varias tonterías. A menos que la persona que lee sea un
profesional de Psicología o Psiquiatría dado a hacer análisis de demencias, no
hay motivo para que se proceda a la lectura de un libro entero de un individuo
de esos.
Las editoras necesitan
vender libros, aún más en estos tiempos de cierres acelerados de librerías. El
estándar exigido por ellas dentro de los textos presentados son un mínimo de
corrección gramatical. Este no es un gran problema, una vez que los
procesadores de texto ya se encargan de corregir el artículo más denunciador
del trabajo de un mal escritor, que es la ortografía. Los programas se
arriesgan a corregir también los errores más evidentes de concordancia, sea
verbal, sea nominal. ¡Listo! ¡El "filósofo" de baja instrucción está
redimido!
Los problemas de sintaxis,
semántica, puntuación y conjugación son fácilmente dominados por el mal
escritor, por puro mimetismo. Si él quiere decir una cosa y, por incongruencia
de escritura, dice otra, eso no comprometerá el raciocinio, pues lo que no
tiene remedio, como reza el dicho popular, "remediado está". Si el
raciocinio presentado en el texto es insano, errores de sintaxis o semántica
serán absorbidos, ya que no hay un sentido legítimo en la escritura. Incluso
los errores comunes de aplicación de reglaje pronominal entran en esa
categoría. Cada lector entienda lo que quiera.
De cualquier modo, el
psiquiatra que se dé al trabajo de estudiar el caso tendrá que leer y releer
con atención cada párrafo, pues la construcción del texto obedece a la
intención de despistar, de desviar al lector de los conocimientos que él ya
detenga. Se trata de construir una nueva cultura, la cultura de la incultura.
Si la ciencia estadística
permite mostrar que el tabaquismo es responsable de graves enfermedades, él
"argumenta" desmereciendo la estadística. La opinión de él, según la
cual el tabaco no hace ningún mal, está por encima de cualquier estadística que
los científicos puedan utilizar. Eso es lo que él piensa y propaga.
Todos los que no aceptan
sus argumentos son puestos en las categorías de "burros",
"imbéciles" y "izquierdistas". No se piense que la
divergencia se limita a Aristóteles, Kant o Nietzsche. Los que creyeron en la
Mecánica de Newton siempre estuvieron engañados, porque, según él, ella se basa
en principios contradictorios y absurdos.
En la condición de escritor
lucrativo, él publicó en el Jornal do Brasil de 15 de junio de 2006 un texto
titulado "En los orígenes de la estupidez occidental". Lo que está en
esos orígenes, dice, es un error que Newton cometió en la primera de sus tres
leyes de la Dinámica, la Ley de la Inercia.
La tontería comienza en el
primer párrafo, cuando acusa a Newton de ser autor de una ley equivocada que
nunca fue (él no lo sabe) de autoría de Newton. Nosotros decimos "las tres
leyes de Newton" para facilitar la referencia, porque Newton de hecho usó
tres principios sobre los que basó la Dinámica, adoptando como el primero de
ellos el Principio de la Inercia, de Galileo Galilei.
Sí, él, por ignorancia,
acusa a Newton de un "crimen" que fue cometido por Galileo. Razón? No
tuvo clases de Física (si por casualidad tuvo, y prestó atención, o no entendió
nada o el profesor fue incompetente).
El profesor de la Enseñanza
Media, de hecho, no tiene obligación de contar que la primera Ley de Newton es
de Galileo. Pero el primer párrafo del artículo de Ollavus Querci no revela
sólo esa ignorancia. Allí, en esas tres líneas, comete otra estulticia
muchísimo más grave que la de acusar a Newton por una "falla" de
Galileo. ¿Es posible eso? ¿Es posible en tres líneas cometer un error histórico
de autoría y aún escribir una tontería más flagrante?
Sí. Como él no entendió
nada de lo que leyó sobre las tres leyes de la dinámica, él
"interpretó" la primera ley, la Ley de la Inercia, como siendo
compuesta por dos principios, el principio de la inercia y el principio
"del movimiento eterno". ¿Qué locura es esa de "movimiento
eterno"? Es el modo como él crea "conceptos", con el objetivo de
engañar al lector desavisado. No pudo entender que la Ley de la inercia es el
principio mismo de la inercia. El tal del "movimiento eterno" es sólo
uno de los dos aspectos en que la inercia se presenta. Se trata de una de las
formas en que se presenta la "relatividad de Galileo". El
"movimiento eterno" es lo que los profesores y los libros de texto
llaman "velocidad constante". En la visión de Newton, un cuerpo
material está en reposo o en constante movimiento (que interpretamos como
"a velocidad constante"). Si el lector está acoplado al cuerpo, como,
por ejemplo, dentro de un coche a velocidad constante, sin mirar hacia fuera,
el lector mira al suelo del coche y ve que está en reposo. Si mira ahora a los
árboles a los márgenes del camino, verá que el suelo del coche está a velocidad
constante. Para Galileo, estar a velocidad constante o estar en reposo es cosa
que depende sólo del referencial, es decir, del punto de referencia. De un modo
o de otro, mirando al suelo o mirando a los árboles, el pasajero en el carro
está en un sistema que obedece al Principio de la Inercia. Si el conductor
acelera el coche, vamos a la segunda Ley de Newton, que garantiza que la fuerza
aplicada se iguala al producto de la masa por la aceleración del cuerpo,
incluyendo aquí resistencia del aire, fricción y cualquier otro elemento de
interferencia. La tercera ley, como se sabe, es el Principio de Acción y
Reacción.
Él, sin embargo, ve la
primera Ley de Newton como una "absurdidad ostensiva", pues, si
estiramos "indefinidamente los límites del tiempo", no habrá
diferencia "entre el cambio y la permanencia". Con ello él concluye
que el "movimiento eterno es concepto autocontraditorio".
La
primera Ley de Newton habla sólo de un Principio, el de la inercia, y no de
dos, que según Ollavus Querci son la inercia y el "movimiento
eterno". Él "interpreta" que estos dos principios que componen
la primera Ley son contradictorios entre sí, por lo que "descubre que la
primera ley está equivocada. Y, en párrafos más abajo, se admira que en tres
siglos los estudiosos no hayan percibido la "contradicción", que él
en realidad lo vio. Y dice que Leibniz y Einstein hablaban respetuosamente de
Newton, pero que tiene "la impresión" que por dentro se reían del
viejo, es decir, se burlaban de Newton. Si nadie antes había percibido las
fallas, ¿por qué se burlar del inglés? El texto no explica, porque el objetivo
es engañar a las víctimas del mal sistema educativo. Pero no sólo Leibniz, el
mayor de los socios científicos de Newton, y Einstein, su continuador, se
burlaban del anciano. Según Ollavus Querci, también Goethe lo hacía. Lo que él
está confesando es que tiene "la impresión" que Goethe era un
escritor de la misma cepa que él, Ollavus Querci, aunque no tuvo el coraje de
explicitar su desprecio por las Leyes de Newton.
Argumentos y más
argumentos, "pruebas" y más "pruebas" contra el trabajo de
los científicos, éste es el universo comercial de Ollavus Querci. Y no se trata
de deshonestidad, pero de trastorno psíquico. Él sería deshonesto si hubiera
conocido, y asimilado, el teorema de Alfred Tarski, según el cual todo discurso
en lenguaje no algebraica encierra contradicción. Intentar probar fallas en los
resultados de Galileo y Newton sin usar las ecuaciones, pero sólo lanzando mano
de palabrería persuasiva, sólo no es algo totalmente desproporcionado porque
rinde mucho dinero, succionado de la buena fe de las personas poco instruidas.
Cuestionando la ciencia de
modo anticientífico, Ollavus Querci crea una inmensa corriente de refractarios
dispuestos a combatir el trabajo de profesores, artistas y reporteros. Ellos
dicen que lo que la ciencia dice no tiene valor, y usan como medio de
divulgación los más sofisticados productos de la ciencia, que son las
computadoras, la Internet, los satélites de comunicación, la Mecánica Cuántica
y así sucesivamente. A través de estos medios se burlan de los científicos que
advierten sobre el calentamiento global, que alertan sobre los resultados
desastrosos de la deforestación, que defienden la enseñanza pública y la
investigación, que desarrollan y aplican vacunas, que trabajan bajo los
parámetros de la Teoría de la Evolución, que hacen avanzar la Macroeconomía,
que se dedican a profundizar la Psicología.
Desde que los teléfonos
inteligentes llegaron a manos de la gran masa, entre 2008 y 2015, nuevos
políticos y nuevos "filósofos" descubrieron un gran caudal de
autopromoción, que es esa táctica de comunicarse directamente a través de
vídeos con el público en general. Este público, el video-espectador, pasó a
juzgar que ya no necesita orientación de líderes preparados y de intelectuales
graduados, como ocurría desde los tiempos de Hammurabi. Sin casi ninguna
lectura, la masa "ve" los vídeos de sus nuevos ídolos, con
adoctrinamiento belicoso contra los letrados tradicionales, y ejerce su poder
de elección a partir de esos accesos. Es el nuevo mundo de la incultura,
ambiente paradisíaco para Ollavus Querci y todos los pseudofilósofos de la
actualidad. Este nuevo modus vivendi ya ha elegido gobiernos en varios países,
siempre llevando la bandera del rechazo a la intelectualidad académica, lo que
incluye rechazar a (a) la Inmigración, (b) la ONU, (c) el Acuerdo del Clima,
(d) la Socialdemocracia y (e) la Globalización. La universidad, el periódico,
la televisión, la biblioteca y el teatro todavía no saben cómo situarse en esa
realidad.
Ollavus Querci cambiaría totalmente
su línea programática de actuación si tuviera estructura instruccional mínima
para entender el papel de Isaac Newton en la modernidad tecnológica que él y
sus seguidores usan como si fuera un regalo de algún mago. Él no tiene como
entender que los satélites de comunicación están ahí transmitiendo su arsenal
de locuras porque fueron construidos y lanzados según las ecuaciones de Newton
para las leyes de la Gravitación. Sí, Newton, el viejo que él cree que servía
de chacota a Leibniz, Goethe y Einstein, no sólo estudió la Gravitación, pero a
partir de ella creó las ecuaciones para los satélites artificiales. No sabe que
otros grandes científicos de la historia, de Al-Khwarizmi y Al-Hazen a Giuseppe
Peano, Grace Murray Hoper, Richard Feynman y Andrew Wiles, están detrás de las
ecuaciones y funciones que permiten que los datos y las imágenes alcancen a la
pantalla de la computadora portátil que utiliza. Sin esas ecuaciones de Newton,
los satélites caerían sobre la cabeza de Ollavus Querci y sobre su colección de
rifles, allá en su sitio de Richmond, la efímera capital de los Confederados,
que desencadenaron la Guerra de Secesión por no aceptar la entonces inminente
liberación de los esclavos.