sábado, 22 de dezembro de 2018

Ollavismo: La hegemonía de la incultura



Ollavismo: La hegemonía de la incultura

Cacildo Marques - Sao Paulo

   Los profesores de las Américas han sufrido gran desprecio por parte de gobiernos y clases medias desde hace muchas décadas. Llegó ahora el turno de los artistas e los reporteros unirse a ellos, como víctimas de ataques. Es el resultado del ollavismo.
   Ollavus Querci "no tuvo estudio", como dicen las personas que no recibieron instrucción. Esto no fue obstáculo para que se hiciera pasar por "filósofo", dedicándose a impartir cursos de Filosofía para incautos, teniendo como objetivo central la negación de la ciencia. Esta autoridad para dar cursos él recibió no de alguna facultad, sino del renombre recabado con la venta de libros que él escribió.
   Él no añadió nada útil en sus escritos.
   Se intenta hacer pasar por escéptico, siendo sólo refractario. La actitud escéptica es el comportamiento del científico. Los que dudan de los resultados de la ciencia sin presentar ningún método confiable de refutación son sólo refractarios, nunca escépticos.
   ¿Es necesario leer sus libros para saber que no hay sustancia allí? No, basta con leer uno u otro párrafo clave. Necesitamos leer varios libros de Platón para descubrir alguna asertiva inconsistente. Lo mismo se puede decir de Descartes, Russell o Wittgenstein. De un pseudofilósofo, en la primera media página ya identificaremos varias tonterías. A menos que la persona que lee sea un profesional de Psicología o Psiquiatría dado a hacer análisis de demencias, no hay motivo para que se proceda a la lectura de un libro entero de un individuo de esos.
   Las editoras necesitan vender libros, aún más en estos tiempos de cierres acelerados de librerías. El estándar exigido por ellas dentro de los textos presentados son un mínimo de corrección gramatical. Este no es un gran problema, una vez que los procesadores de texto ya se encargan de corregir el artículo más denunciador del trabajo de un mal escritor, que es la ortografía. Los programas se arriesgan a corregir también los errores más evidentes de concordancia, sea verbal, sea nominal. ¡Listo! ¡El "filósofo" de baja instrucción está redimido!
   Los problemas de sintaxis, semántica, puntuación y conjugación son fácilmente dominados por el mal escritor, por puro mimetismo. Si él quiere decir una cosa y, por incongruencia de escritura, dice otra, eso no comprometerá el raciocinio, pues lo que no tiene remedio, como reza el dicho popular, "remediado está". Si el raciocinio presentado en el texto es insano, errores de sintaxis o semántica serán absorbidos, ya que no hay un sentido legítimo en la escritura. Incluso los errores comunes de aplicación de reglaje pronominal entran en esa categoría. Cada lector entienda lo que quiera.
   De cualquier modo, el psiquiatra que se dé al trabajo de estudiar el caso tendrá que leer y releer con atención cada párrafo, pues la construcción del texto obedece a la intención de despistar, de desviar al lector de los conocimientos que él ya detenga. Se trata de construir una nueva cultura, la cultura de la incultura.
   Si la ciencia estadística permite mostrar que el tabaquismo es responsable de graves enfermedades, él "argumenta" desmereciendo la estadística. La opinión de él, según la cual el tabaco no hace ningún mal, está por encima de cualquier estadística que los científicos puedan utilizar. Eso es lo que él piensa y propaga.
   Todos los que no aceptan sus argumentos son puestos en las categorías de "burros", "imbéciles" y "izquierdistas". No se piense que la divergencia se limita a Aristóteles, Kant o Nietzsche. Los que creyeron en la Mecánica de Newton siempre estuvieron engañados, porque, según él, ella se basa en principios contradictorios y absurdos.
   En la condición de escritor lucrativo, él publicó en el Jornal do Brasil de 15 de junio de 2006 un texto titulado "En los orígenes de la estupidez occidental". Lo que está en esos orígenes, dice, es un error que Newton cometió en la primera de sus tres leyes de la Dinámica, la Ley de la Inercia.
   La tontería comienza en el primer párrafo, cuando acusa a Newton de ser autor de una ley equivocada que nunca fue (él no lo sabe) de autoría de Newton. Nosotros decimos "las tres leyes de Newton" para facilitar la referencia, porque Newton de hecho usó tres principios sobre los que basó la Dinámica, adoptando como el primero de ellos el Principio de la Inercia, de Galileo Galilei.
   Sí, él, por ignorancia, acusa a Newton de un "crimen" que fue cometido por Galileo. Razón? No tuvo clases de Física (si por casualidad tuvo, y prestó atención, o no entendió nada o el profesor fue incompetente).
   El profesor de la Enseñanza Media, de hecho, no tiene obligación de contar que la primera Ley de Newton es de Galileo. Pero el primer párrafo del artículo de Ollavus Querci no revela sólo esa ignorancia. Allí, en esas tres líneas, comete otra estulticia muchísimo más grave que la de acusar a Newton por una "falla" de Galileo. ¿Es posible eso? ¿Es posible en tres líneas cometer un error histórico de autoría y aún escribir una tontería más flagrante?
   Sí. Como él no entendió nada de lo que leyó sobre las tres leyes de la dinámica, él "interpretó" la primera ley, la Ley de la Inercia, como siendo compuesta por dos principios, el principio de la inercia y el principio "del movimiento eterno". ¿Qué locura es esa de "movimiento eterno"? Es el modo como él crea "conceptos", con el objetivo de engañar al lector desavisado. No pudo entender que la Ley de la inercia es el principio mismo de la inercia. El tal del "movimiento eterno" es sólo uno de los dos aspectos en que la inercia se presenta. Se trata de una de las formas en que se presenta la "relatividad de Galileo". El "movimiento eterno" es lo que los profesores y los libros de texto llaman "velocidad constante". En la visión de Newton, un cuerpo material está en reposo o en constante movimiento (que interpretamos como "a velocidad constante"). Si el lector está acoplado al cuerpo, como, por ejemplo, dentro de un coche a velocidad constante, sin mirar hacia fuera, el lector mira al suelo del coche y ve que está en reposo. Si mira ahora a los árboles a los márgenes del camino, verá que el suelo del coche está a velocidad constante. Para Galileo, estar a velocidad constante o estar en reposo es cosa que depende sólo del referencial, es decir, del punto de referencia. De un modo o de otro, mirando al suelo o mirando a los árboles, el pasajero en el carro está en un sistema que obedece al Principio de la Inercia. Si el conductor acelera el coche, vamos a la segunda Ley de Newton, que garantiza que la fuerza aplicada se iguala al producto de la masa por la aceleración del cuerpo, incluyendo aquí resistencia del aire, fricción y cualquier otro elemento de interferencia. La tercera ley, como se sabe, es el Principio de Acción y Reacción.
   Él, sin embargo, ve la primera Ley de Newton como una "absurdidad ostensiva", pues, si estiramos "indefinidamente los límites del tiempo", no habrá diferencia "entre el cambio y la permanencia". Con ello él concluye que el "movimiento eterno es concepto autocontraditorio".
  La primera Ley de Newton habla sólo de un Principio, el de la inercia, y no de dos, que según Ollavus Querci son la inercia y el "movimiento eterno". Él "interpreta" que estos dos principios que componen la primera Ley son contradictorios entre sí, por lo que "descubre que la primera ley está equivocada. Y, en párrafos más abajo, se admira que en tres siglos los estudiosos no hayan percibido la "contradicción", que él en realidad lo vio. Y dice que Leibniz y Einstein hablaban respetuosamente de Newton, pero que tiene "la impresión" que por dentro se reían del viejo, es decir, se burlaban de Newton. Si nadie antes había percibido las fallas, ¿por qué se burlar del inglés? El texto no explica, porque el objetivo es engañar a las víctimas del mal sistema educativo. Pero no sólo Leibniz, el mayor de los socios científicos de Newton, y Einstein, su continuador, se burlaban del anciano. Según Ollavus Querci, también Goethe lo hacía. Lo que él está confesando es que tiene "la impresión" que Goethe era un escritor de la misma cepa que él, Ollavus Querci, aunque no tuvo el coraje de explicitar su desprecio por las Leyes de Newton.
   Argumentos y más argumentos, "pruebas" y más "pruebas" contra el trabajo de los científicos, éste es el universo comercial de Ollavus Querci. Y no se trata de deshonestidad, pero de trastorno psíquico. Él sería deshonesto si hubiera conocido, y asimilado, el teorema de Alfred Tarski, según el cual todo discurso en lenguaje no algebraica encierra contradicción. Intentar probar fallas en los resultados de Galileo y Newton sin usar las ecuaciones, pero sólo lanzando mano de palabrería persuasiva, sólo no es algo totalmente desproporcionado porque rinde mucho dinero, succionado de la buena fe de las personas poco instruidas.
   Cuestionando la ciencia de modo anticientífico, Ollavus Querci crea una inmensa corriente de refractarios dispuestos a combatir el trabajo de profesores, artistas y reporteros. Ellos dicen que lo que la ciencia dice no tiene valor, y usan como medio de divulgación los más sofisticados productos de la ciencia, que son las computadoras, la Internet, los satélites de comunicación, la Mecánica Cuántica y así sucesivamente. A través de estos medios se burlan de los científicos que advierten sobre el calentamiento global, que alertan sobre los resultados desastrosos de la deforestación, que defienden la enseñanza pública y la investigación, que desarrollan y aplican vacunas, que trabajan bajo los parámetros de la Teoría de la Evolución, que hacen avanzar la Macroeconomía, que se dedican a profundizar la Psicología.
   Desde que los teléfonos inteligentes llegaron a manos de la gran masa, entre 2008 y 2015, nuevos políticos y nuevos "filósofos" descubrieron un gran caudal de autopromoción, que es esa táctica de comunicarse directamente a través de vídeos con el público en general. Este público, el video-espectador, pasó a juzgar que ya no necesita orientación de líderes preparados y de intelectuales graduados, como ocurría desde los tiempos de Hammurabi. Sin casi ninguna lectura, la masa "ve" los vídeos de sus nuevos ídolos, con adoctrinamiento belicoso contra los letrados tradicionales, y ejerce su poder de elección a partir de esos accesos. Es el nuevo mundo de la incultura, ambiente paradisíaco para Ollavus Querci y todos los pseudofilósofos de la actualidad. Este nuevo modus vivendi ya ha elegido gobiernos en varios países, siempre llevando la bandera del rechazo a la intelectualidad académica, lo que incluye rechazar a (a) la Inmigración, (b) la ONU, (c) el Acuerdo del Clima, (d) la Socialdemocracia y (e) la Globalización. La universidad, el periódico, la televisión, la biblioteca y el teatro todavía no saben cómo situarse en esa realidad.
   Ollavus Querci cambiaría totalmente su línea programática de actuación si tuviera estructura instruccional mínima para entender el papel de Isaac Newton en la modernidad tecnológica que él y sus seguidores usan como si fuera un regalo de algún mago. Él no tiene como entender que los satélites de comunicación están ahí transmitiendo su arsenal de locuras porque fueron construidos y lanzados según las ecuaciones de Newton para las leyes de la Gravitación. Sí, Newton, el viejo que él cree que servía de chacota a Leibniz, Goethe y Einstein, no sólo estudió la Gravitación, pero a partir de ella creó las ecuaciones para los satélites artificiales. No sabe que otros grandes científicos de la historia, de Al-Khwarizmi y Al-Hazen a Giuseppe Peano, Grace Murray Hoper, Richard Feynman y Andrew Wiles, están detrás de las ecuaciones y funciones que permiten que los datos y las imágenes alcancen a la pantalla de la computadora portátil que utiliza. Sin esas ecuaciones de Newton, los satélites caerían sobre la cabeza de Ollavus Querci y sobre su colección de rifles, allá en su sitio de Richmond, la efímera capital de los Confederados, que desencadenaron la Guerra de Secesión por no aceptar la entonces inminente liberación de los esclavos.

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