quinta-feira, 23 de agosto de 2018

Urna electrónica o voto en papel - cuál es más manipulable




Urna electrónica o voto en papel - cuál es más manipulable

Cacildo Marques – Sao Paulo

        Algunos parlamentarios andan haciendo discursos vehementes afirmando que las elecciones brasileñas hechas con urna electrónica son fraudulentas. Ellos hacen el discurso y esperan la remuneración al final del mes, sin preocuparse por el hecho de que el discurso es una confesión de crimen: ocupan puestos cuyo acceso ha sido fraudado.
        No, no fue, por más que ellos imaginen eso. Ellos pueden dormir tranquilos, pues su crimen no está en esa esfera. Suponiendo que se vuelva al voto en papel, marcado a bolígrafo, y que se decida recuentar toda la votación de 2018, con 100 millones de billetes, está garantizado que en diez recuentos seguidos habrá diez resultados diferentes.
       Si, manteniendo la urna electrónica, sin imprimir el voto, ya que eso es desperdicio de papel y tinta, decidimos hacer la cuenta, que es electrónica, por diez veces seguidas, en las diez veces el resultado será igual. Y sólo será igual si no se hace manualmente, pero electrónicamente.
         Sin interferencia de la mano humana, excepto en los momentos en que el elector presione la tecla y el técnico transfiera los datos al programa de escrutación, también apretando algunas teclas, la votación atiende al criterio constitucional de la impersonalidad, de forma casi absoluta. En el tiempo del voto marcado en papel, el tribunal nos orientaba a interpretar la voluntad del elector: si lo que él escribió se acercaba al nombre o al número del candidato tal y tal, entonces computábamos el voto para esa persona. Si no pudiéramos descifrar, anulábamos el voto. Nunca un recuento repetiría el resultado del recuento anterior en un colegio electoral de cientos de miles de votantes.
        Hay posibilidad de usar la urna electrónica de modo fraudulento, sí. Esto ocurrirá si un dictador, y tiene que ser dictador, de un país muy pequeño, tenga todos los jueces electorales y todos los técnicos de computación de los tribunales bajo su control. En el momento de importar los registros de las secciones electorales al sistema central de conteo, los técnicos están orientados a anular urnas de reductos electorales del opositor. Secciones en que el partido del dictador gana con holgura son consideradas. Las secciones con victoria de la oposición, se registran como urnas de votos nulos y blancos, simplemente. Los técnicos hacen este trabajo de forma competente, pero eso no basta. Los jueces, que confieren y endosan los resultados, son todos agentes defraudadores, al servicio del partido del dictador. Si uno de ellos resiste a firmar las actas, incluso antes de salir denunciando será dado como desaparecido.
        Está claro que en ese país regido por ese dictador la justicia electoral es puro juego de escena. Si el dictador es mínimamente transparente, abole esa justicia y restaura el viejo sistema de las comisiones electorales, más fáciles de comandar.
        Los electores necesitan percibir que si un dictador nazifascista convoca elecciones importantes, que él quiera defraudar, y cuyas reglas de votación no puedan alterarse de antemano, la primera providencia será abolir las urnas electrónicas. Sólo él no hará esto si es un gran hacker y tiene dominio total sobre los jueces y técnicos. Este dominio él puede tener, pero ser al mismo tiempo un gran entendido de sistemas computacionales ya sería un caso de enfermedad psíquica extrema, pues la persona no puede ser al mismo tiempo especializada en una ciencia dura y especializada en manipular las masas. Además, las masas temen a los científicos así como Drácula teme la trenza de ajo.
        Sí, un dictador inteligente puede usar urnas electrónicas y aún así obtener los resultados que quiere, pero para ello tiene que preparar el terreno antes de la votación. Una de esas providencias es seleccionar el tipo de elector, o el tipo de candidato. En Irán, por ejemplo, el sistema no tendría problemas en la manipulación, pues el Consejo de la Revolución veta candidaturas en que encuentren inconvenientes, no por ser fichas sucias. Finalmente, el dictador puede también hacer cambios en el sistema de representación, abriendo sillas para grupos que lo apoyen y cerrando vagas para áreas de adversarios.
        Los refractarios al voto electrónico hicieron al Congreso Nacional Brasileño aprobar ley que obligaba a la impresión de todos los votos, a efectos de chequeo. Esto nunca se ha hecho en la historia del mundo y no habrá recursos físicos para ello. Como estos proponentes tienen horror de cuentas, lograron la aprobación de la materia sin recibir ningún signo de viabilidad técnica para el proyecto. Los tribunales, que serían los responsables de la aplicación de la medida insana, la rechazaron. Es trágico que el poder judicial legisle, pero en los casos de extrema estupidez él tiene que ejercer esa función. Una contrapropuesta sensata fue la de imprimir por muestreo. Cierto número de urnas sería elegido para control en cada región. Si hay una fuerte sospecha sobre el resultado, se toma esa muestra, que indicará si hubo fraude o no. Los refractarios no aceptaron la idea, porque ellos no conocen los fundamentos de la estadística. Y si conocen algo del área, no lo aceptan.
        En el caso, por ejemplo, de la no entrada de determinada urna o de determinada sección en el procesamiento, lo que debe estar bajo fiscalización de los jueces y de los representantes partidarios, un pequeño detalle deja margen a la crítica en el uso de la urna electrónica, y está relacionado justamente con la impresión al final de la votación. La votación que aparece en la tira de papel impresa es secuencial, de modo que es posible rastrear el voto de un determinado elector. Además, el resultado por sección, que se conoce al final del día porque la urna tiene impresora, muestra cuántos votos cada candidato tuvo en aquel lugar. Si un candidato delincuente compró el voto de alguien que vota allí y al final del día de elección no aparece ningún voto para el comprador, está claro que el elector vendedor lo traicionó, y el delincuente puede querer matarlo. El único problema, pues, identificable en el sistema de votación electrónica está en la impresión que la urna hace, porque la transparencia puede traer problemas a quienes dependen de anonimato. Si el sistema político queda libre de los bribones (y parece que la tendencia es la opuesta), podemos gozar de la transparencia sin ningún trastorno. De cualquier modo, será conveniente que los legisladores repensen esa exposición de resultados por sección electoral.

        Cacildo Marques, profesor de computación para enseñanza media por 17 años, fiscal de escrutinio en los tiempos de MDB y Arena, mesero por 20 años.

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